El agua hidrata. Hasta que deja de hacerlo. Bajo ciertos contextos — esfuerzo prolongado, sudoración alta, calor — beber solo agua no solo es insuficiente: puede activar mecanismos que diluyen el plasma y degradan el rendimiento. 

03 · Fisiología comparada

Electrolitos vs Agua. 

Introducción 

El agua corporal total representa cerca del 60% del peso de un adulto promedio. De ese volumen, dos tercios están dentro de las células (intracelular) y un tercio fuera (extracelular). El movimiento entre compartimentos está gobernado por gradientes osmóticos, y esos gradientes están determinados por electrolitos — principalmente sodio en el extracelular y potasio en el intracelular (Guyton & Hall, 2020).

Beber agua sin reponer electrolitos altera ese equilibrio. En contextos de sudoración prolongada, beber únicamente agua puede empeorar el estado fisiológico del que se intentaba reparar.

Desarrollo

Absorción y retención: por qué el sodio importa

Cuando una bebida contiene sodio, este crea un gradiente osmótico que favorece el movimiento de agua desde el intestino hacia el torrente sanguíneo. Sin sodio, ese gradiente es menor y la absorción neta de fluido es menos eficiente (Sawka et al., 2007). Una vez en circulación, el sodio también determina cuánto fluido se retiene: cuando el riñón detecta sodio, retiene el agua que lo acompaña; cuando no lo detecta, la elimina por orina. El resultado es que una bebida con sodio hidrata más que el mismo volumen de agua sola (Shirreffs & Maughan, 1998).

Hiponatremia: el problema de tomar solo agua

La hiponatremia es una caída peligrosa del sodio en sangre. En condiciones normales, el cuerpo mantiene entre 3.105 y 3.335 mg de sodio por litro de plasma — cuando ese nivel cae, el sistema empieza a fallar (Hew-Butler et al., 2017). En el contexto del ejercicio, su causa más frecuente es simple: ingerir agua o bebidas bajas en sodio durante esfuerzos largos, lo que diluye el sodio en sangre en lugar de restaurarlo.

Los síntomas comienzan de forma sutil — fatiga, dolor de cabeza, confusión — y pueden escalar a edema cerebral, convulsiones y pérdida de conciencia en casos severos. Estudios reportan tasas de hasta 20% en atletas de resistencia (Hew-Butler et al., 2017). La paradoja es concreta: en esfuerzos largos, hidratarse solo con agua puede ser más peligroso que no hidratarse.

Transporte celular: el potasio importa

Mientras el sodio domina el líquido fuera de las células, el potasio domina el interior — su concentración dentro de la célula es aproximadamente 30 veces mayor que fuera. Esa diferencia no es accidental: es la batería que permite que un músculo se contraiga y que un nervio transmita una señal. El cuerpo la mantiene activamente mediante la bomba sodio-potasio, una proteína que trabaja de forma continua para sostener ese equilibrio (Clausen, 2003). Cuando el potasio se agota sin ser repuesto, esa batería se descarga: el músculo pierde capacidad de responder, aparece la fatiga y la fuerza cae antes de lo esperado.

Magnesio: el cofactor

El magnesio participa en más de 300 reacciones enzimáticas, incluida la producción de ATP que alimenta la bomba sodio-potasio (de Baaij et al., 2015). En atletas de alto rendimiento, la deficiencia de magnesio es más frecuente de lo que se asume: un análisis de 8 años en 192 atletas olímpicos y paralímpicos encontró que una proporción significativa presentaba niveles insuficientes, asociados a mayor dolor tendinoso y lesiones musculares (Pollock et al., 2020).

Cuándo el agua basta

Para esfuerzos menores a 60 minutos en condiciones moderadas, el agua sola es generalmente suficiente. El problema aparece cuando la duración, la intensidad o el calor producen pérdidas que exceden la capacidad del cuerpo de mantener su equilibrio osmótico bebiendo solo agua.

Conclusión

Agua y electrolitos no compiten: trabajan en sistema. El agua sola sirve para mantener; los electrolitos permiten que esa agua se absorba, se retenga y se distribuya donde el cuerpo la necesita. Ignorar esa diferencia es asumir que el cuerpo es un balde — cuando opera con una precisión química que el agua sola no puede sostener. 

Referencias

1.     Clausen, T. (2003). Na-K pump regulation and skeletal muscle contractility. Physiological Reviews, 83(4), 1269–1324. https://doi.org/10.1152/physrev.00011.2003

2.    de Baaij, J. H. F., Hoenderop, J. G. J., & Bindels, R. J. M. (2015). Magnesium in man: Implications for health and disease. Physiological Reviews, 95(1), 1–46. https://doi.org/10.1152/physrev.00012.2014

3.    Guyton, A. C., & Hall, J. E. (2020). Textbook of Medical Physiology (14th ed.). Elsevier.

4.    Hew-Butler, T., Loi, V., Pani, A., & Rosner, M. H. (2017). Exercise-associated hyponatremia: 2017 update. Frontiers in Medicine, 4, 21. https://doi.org/10.3389/fmed.2017.00021

5.    Pollock, N., Chakraverty, R., Taylor, I., & Killer, S. C. (2020). An 8-year analysis of magnesium status in elite international track & field athletes. Journal of the American College of Nutrition, 39(5), 443–449. https://doi.org/10.1080/07315724.2019.1691953

6.    Sawka, M. N., Burke, L. M., Eichner, E. R., Maughan, R. J., Montain, S. J., & Stachenfeld, N. S. (2007). American College of Sports Medicine position stand: Exercise and fluid replacement. Medicine and Science in Sports and Exercise, 39(2), 377–390. https://doi.org/10.1249/mss.0b013e31802ca597

7.    Shirreffs, S. M., & Maughan, R. J. (1998). Volume repletion after exercise-induced volume depletion in humans: Replacement of water and sodium losses. American Journal of Physiology, 274(5), F868–F875. https://doi.org/10.1152/ajprenal.1998.274.5.F868